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Quizá en alguna ocasión te has visto perdiendo los nervios mientras dabas una orden a tus hijos, o elevando el tono de voz más de la cuenta. El otro día una madre de dos niños pequeños me comentó que sus hijos sacaban “lo peor de ella”, y le parecía una paradoja haber deseado tanto ser madre y ahora estar completamente desbordada por la situación.

La etapa de la infancia es especialmente difícil para muchos padres por el cansancio físico que implica. Los niños pequeños demandan gran energía y tiempo de sus progenitores por lo que en ocasiones el cansancio aflora en los momentos más críticos. A eso debemos sumarle que los niños, en la infancia, están aprendiendo a comportarse, y tienden a retar y no obedecer, por lo que la sensación de pérdida de control por parte de los padres aumenta. Así mismo generalmente existe una falta de descanso por escasez de horas sueño provocado por múltiples causas (aprender a dormir, salida de dientes, enfermedades, terrores nocturnos, dolores provocados por el crecimiento) que hay que sobrellevar junto con las obligaciones rutinarias de la vida que no podemos desatender.

Gestionar esta realidad es importante para reavivar la ilusión de educar, y mantener la calma emocional es necesario tanto para nosotros como para nuestros hijos. La meta es sacar lo mejor de nuestros hijos potenciando lo mejor de nosotros mismos, y para ello necesitamos cierta reflexión sobre las situaciones que estamos viviendo.

El temperamento de nuestros hijos también influye en nuestro cansancio emocional. Hay niños con temperamentos fuertes y con energía desbordante, no es algo negativo en sí mismo, pero los padres deben de aprender a gestionarse para ayudar a su hijo a regularse y saber lo que se espera de él.

Algunas de las claves para abordar esta etapa son:

– Si no quieres desgastarte innecesariamente acepta las circunstancias del momento. Esta etapa implica un cansancio físico extra que se debe gestionar de manera adecuada. Según Fernando Sarraís “descansar es un deber” por lo que en esta etapa se ha de priorizar lo que es importante y renunciar a lo que no lo es tanto (aunque antes pudiéramos abordarlo sin problema) en nuestro día a día para poder descansar suficiente (Aprendiendo a vivir el descanso. Editorial Eunsa).

– Tener pensamientos correctos. Bernando Stamateas habla en su libro Calma emocional (Editorial Vergara) de la oportunidad que tenemos los seres humanos de elegir pensamientos orientados a la acción. Si deseamos obtener lo mejor de nuestros hijos sacando lo mejor de nosotros mismos tendremos que situar esta idea en nuestro GPS interior para que nos lleve al lugar al que queremos. Potenciar lo positivo que tenemos como padres y no centrarnos tanto en lo negativo nos ayudará a mantener la calma en los momentos más difíciles.

– Aprende a descansar haciendo cosas agradables con tus hijos. Es positivo que tus hijos te vean sonreír y disfrutar con ellos, compartir buenos momentos en familia también descansa y fortalece los lazos afectivos.

– Analiza los momentos del día en que eres más vulnerable a perder la calma ¿Pierdes más los nervios por la mañana? ¿Por la noche? ¿Son tus hijos los que te hacen perder la paciencia o llegas agotado de trabajar y su comportamiento es la gota que colma el vaso? ¿Cuáles son las conductas que te ponen más nervioso de tus hijos?

– Haz un plan de acción. Cuando no tenemos opciones ni estrategias alternativas ante las situaciones el ser humano tiende al bloqueo y a la desesperanza. Busca una alternativa realista y positiva para avanzar poco a poco hacia tus metas.

Y recuerda… educar es una aventura apasionante: ¡mucho ánimo!

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